No es cinismo. Es la verdad:
Yo quiero a una mujer mala
fuera de la sociedad.
Una déclassée, lo sé,
pero...¿la conoce usté?
¡No! Pues, bueno;
sea usted bueno y cállese,
que es el saber más profundo,
y nadie diga en el mundo
de este agua no beberé.

Es hermosa.
Sabe ser
a ratos voluptuosa
y querer,
o no querer.

De la prosa, sabe hacer
otra cosa.
Y es mujer
muy hermosa,
muy hermosa y muy mujer.

Lo tiene todo bonito
mi Phriné...
Desde el cabello hasta el pie
chiquito.

Ahí tiene usté
disculpado mi delito.

-No es delito.
-Ya lo sé.

Manuel Machado.

Visitantes de Divinas y Hermosas

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jueves 12 de enero de 2012

TIBURON

"Sobre Ingmar Bergman debo decir que los críticos no tienen ni idea de lo que está diciendo, pero, pese a todo, les chifla... Existe una asociación internacional de ese tipo de críticos, capaces de extasiarse ante el asno muerto de Cocteau envuelto con telas encima de un piano".

Billy Wilder


Ahora que todo ha pasado volvería al punto del comienzo una y otra vez, viviría en una Navidad perpetua; por mucho que al final sintiera, como hoy, esa punzadita de decepción y desilusión que no falta nunca. Espero la Navidad igual que antaño, cuando era niña y no sólo la perspectiva de tener vacaciones en el cole me ilusionaba. A mí me ilusionaba todo tanto que solía caer enferma de agotamiento. Invariablemente al volver de una excursión, una fiesta de cumpleaños, la noche de Nochevieja o el día de mi santo, me sentía tan enferma que acababa postrada en mi cama recibiendo los mimos de mi madre. La Vikinga era consciente, en silencio, de que mis males eran sólo producto de la intensidad y la ilusión con la que me entregaba a vivir esos momentos tan especiales para mí; ambas nos aprovechábamos de ello, ella para mimarme y yo para recibir esos mimos que, habitualmente, jamás me dejaba dar -por vergüenza, los deseaba más que nada en el mundo pese a que aún no he aprendido a recibirlos-. Y eso a pesar de que casi nunca, esas cosas que tanto me ilusionaban, alcanzaban mis expectativas. La mitad de mí se daba antes de empezar y el resto me lo dejaba en jirones, minuto a minuto de cada momento en cada instante y a veces sin fuerzas ya para llegar hasta el final. La Navidad comenzaba ya en el colegio -los villancicos, los adornos en clase, el trabajo manual para casa-, seguía por la llegada de mis primos gallegos que se alojaban en casa de mis abuelos, en el piso de abajo del mismo edificio donde vivíamos -son tres como nosotros, de edades similares-. La ronda de bares por el centro de Madrid y la visita a la Plaza Mayor, a ver los puestos y comprar el abeto navideño, eran los primeros pasos de esa época favorita del año. Me encantaba sentarme delante del abeto repleto de bolas de colores y espumillones brillantes -qué horteras fueron esos tiempos setenteros-. La Amiga de las Moscas y el Exmelenas Rubias se sumaban a la fiesta contemplativa del árbol adornado mientras escuchábamos cantar a Carmen Sevilla en el tocadiscos de maleta; era un pequeño vinilo de 45 rv, "Los peces en el río". Teníamos toda la colección de "Navidades Philips". Sin embargo, el favorito siempre fue "Arbolito" que cantábamos a coro con El Intermitente Humano, una especie de Frank Sinatra hispano porque estilo tenía un rato pero voz, ninguna. Tanto la Vikinga como el Intermitente Humano se daban a la fiesta navideña con un entusiasmo parecido al nuestro. Ella nos enseñaba la compra la misma tarde de la Nochebuena, cuando volvía de la librería, mirad lo que he comprado para esta noche; mientras él colocaba un regalito pequeño para cada uno en el árbol. Luego venía haciendo el indio -literalmente- a la cocina y nos hacía seguirle haciendo el indio nosotros también, hasta llevarnos al árbol y hacernos descubrir los regalos. Cuando la Vikinga nos metía en su gran cocina blanca, ya sabíamos los tres que algo pasaría pero por esa magia especial de la amnesia selectiva, lográbamos olvidar y que todas las veces de todos los años, fuera una sorpresa. Cenamos muchas Nochebuenas los cinco solos y fueron las mejores de toda mi vida. Otros años -si el Intermitente Humano no estaba enfadado con su padre- bajábamos a cenar a casa de mis abuelos, junto a mis tíos y primos de Galicia. Aquéllo era la mar de divertido -por no decir absolutamente patético-, mientras mi abuela se vestía con sus mejores galas, él -Pepe, el absurdo- se calzaba el pijama y la bata de cuadros más vieja y raída que tenía. Lo hacía porque quería enmascarar la misma ilusión que sentíamos nosotros y también para no soltarnos el aguinaldo. La cena abajo no era tan abundante como arriba, ni tan florida en mariscos, ni el turrón era de Casa Mira pero estábamos con nuestros primos. La abuela siempre caía en la misma broma, año tras año mi padre y el Exmelenas disolvían un poco de azafrán en una copita de agua y se la daban mientras los demás mirábamos expectantes. Ella cogía la copita, la probaba y exclamaba Hummm, qué rico y todos nos reíamos como si la broma fuera nueva. Después de cenar mi tía María Jesús -que era medio médica, una de esas mujeres cargantes que sabe hacerlo todo y a la que por desgracia para mí, me parezco en más de una faceta- intentaba que sus hijos se lucieran - canta, Belén. -No. - canta, Belén. - No. (bofetada). Belén: Sapo de la noche, sapo cancionerooooo. Eso nos divertía mucho a los cinco, sobre todo comentarlo después. El día siguiente, Navidad, era aún más importante en casa; la comilona mayor que en Nochebuena y después el anís con los turrones. Cuando pienso en la Navidad lo primero que se me viene a la mente es la modorra de la tarde de Navidad -normal después de los vinos y el anís- y la sintonía de "Tiburón", que junto a "Mary Poppins", programaban todos los años en la primera cadena. Desde que ya no las ponen, la Navidad ha perdido parte de su profundo sentido.


Tiburón (Jaws, 1975). De Steven Spielberg. Rob Scheider, Robert Shaw, Richard Dreyfuss.

miércoles 11 de enero de 2012




Terminaron las fiestas navideñas y ahora estamos en rebajas. La gente llena las tiendas buscando el chollo del siglo rebuscando entre ropa arrugada y de otra temporada.

Este  nivel de consumo está produciendo un grave deterioro en el entorno y lleva asociado, además, la explotación de seres humanos, y la insatisfacción de todas aquellas personas que, metidas en la espiral consumista, nunca ven satisfecho su deseo de poseer más bienes.

Noche de Paz, Noche de Amor. ¿Acaso al brindar con sidra y cava a la medianoche nos acordamos de los más desprotegidos y vulnerables ?. El nacimiento de Belén que cambió la historia del mundo, nos tiene que hacer hacer reflexionar sobre los excesos que cometemos en los tiempos que nos toca vivir.

Las fiestas navideñas están perdiendo su sentido espiritual y humano, y han desembocado en un consumismo exacerbado. Sabemos que es difícil cambiar las pautas de consumismo que se radicalizan los últimos días del calendario anual, pues la televisión nos invade con sus propuestas consumistas y los supermercados y grandes superficies adornan sus locales (cada año más temprano por cierto) con llamativas luces y carteles.
Aunque por su naturaleza latente e inherente a cada persona, siempre queda la espernza para hacer que poco a poco esta celebración adquiera la naturaleza que le corresponde, y logre ser in digno y merecido recuerdo y homenaje al personaje que con su actitud no sólo la dio origen,sino también dejó diversos ejemplos de amor,solidaridad,compasión o perdón a la humanidad en su conjunto, que tanto parecen hoy necesitarse.

FELIZ AÑO NUEVO 2012

CARNUDITA
    

jueves 5 de enero de 2012

QUERIDOS REYES MAGOS

Pues nada,el primer post del año se ha hecho esperar, pero aqui está. Que conste que hemos tardado tanto por mantener la intriga . Ya sabemos que todos estabáis esperando a que os pusieramos un post para pedirles algo a los Reyes, ya.Pues aqui lo tenéis, por finnnnn! jajajaja.






A los que os guste llevar la contaria,podéís contarnos lo que les habéis pedido a los Reyes y no os lo han traido por "bichos" jajaja.
¡Venga animaros!

Feliz Noche de Reyes para todos

viernes 30 de diciembre de 2011

Feliz Año Nuevo

Sin mucho que contaros, me apetecía poner el último post de este año y desearos feliz 2012.










Felice Anno Nuovo.Feliç Any Nou.Happy New Year.Gelukkig nieuw jaar.Prospero AniNovo.

jueves 29 de diciembre de 2011

LOS SANTOS INOCENTES

PUES NADA,TUVE QUE UTILIZAR LAS TIJERAS PARA ELIMINAR ESTE POST PERO POR PETICIÓN POPULAR LO VUELVO A PONER:


La celebración del día de los Inocentes es una tradición que tiene los orígenes en la leyenda de la matanza de niños que ordenó el rey Herodes con el objetivo de asesinar al Niño Jesús. También, esta fiesta popular tiene un origen pagano que nació en la Edad Media, cuando durante este día, preludio del Carnaval, el desenfreno y el jolgorio eran los protagonistas, ya que todo estaba permitido y la culpa no recaía en nadie.
Hoy en día, la fiesta tiene un sentido pagano, en el que las personas se hacen
bromas y engaños. Una de las bromas más conocidas son las mazas, que la mayoría de las veces son unos muñecos de papel que se enganchan en la espalda de alguien en señal de burla. Este día también es costumbre que los medios de comunicación publiquen una noticia falsa e inverosímil, que los lectores tienen que averiguar. Al día siguiente, los medios de comunicación desvelan cuál era la noticia errónea.

Las tecnologías van avanzando y hoy en día están muy de moda otras inocentadas como las llamadas telefónicas y los mensajes a móvil haciéndose pasar por otra persona que gastan una broma al inocente..


Inocentadas y tradiciones antiguas

Estas tecnologías desplazan a tradiciones muy antiguas. En América Latina había costumbres muy singulares: payasos que daban "lecciones", gentes que se disfrazaba en calles y en plazas con atuendos de gitanas, indios, diablos, payasos y vaqueros". Las amas de casa elaboraban empanadas de algodón o brindaban café con sal, en lugar de vino. También se regalaban chicles y chocolates que tenían tinta en el centro....


Supuesta incoherencia en las fechas


La iglesia católica recuerda este acontecimiento el 28 de diciembre, aunque de acuerdo con los Evangelios, la matanza debió haber sucedido después de la visita de los Reyes Magos al rey Herodes (uno o dos días después del 6 de enero), aunque también la fecha de la adoración de los Reyes Magos a Jesús no tiene una fecha dada exactamente en las escrituras.
Es muy corriente la explicación de la Navidad y demás fechas alrededor de ella como fechas arbitrarias, pues estas no figuran en los evangelios. Según el evangelio (Lucas 1.13-60); Zacarias supo que Santa Isabel estaba encinta de Juan el Bautista mientras cumplía con la obligación de quemar incienso en el Templo, que debía hacer cada grupo sacerdotal dos veces por año (1 Crónicas 24). Zacarías pertenecía al octavo grupo, el de Abías, lo cual nos da dos posibles fechas para la concepción de Juan el Bautista, una a mediados de mayo y otra a mediados de noviembre, ninguna de las cuales coincide con la tradición.
El evangelista Lucas nos cuenta que había pastores que estaban pasando aquella importante noche a cielo raso, con sus rebaños. Esto nos lleva a la conclusión de que Jesús no pudo haber nacido en diciembre ya que es improbable que los pastores estuvieran acampando a cielo abierto en una época del año donde las temperaturas pueden llegar a bajo cero en la región de Belén. (Lucas 2.8-14).

Evidencia histórica

Flavio Josefo (37–101), en su
Historia de Judea nunca relata una matanza de niños. Ningún historiador contemporáneo relata la matanza de los inocentes. Se sabe que el mensaje del evangelista Mateo se dirigió a judíos conversos de la época. Se cree que como Mateo no conocía mucho del nacimiento de Jesús de Nazareth, y como los judíos veneraban a Moisés como el más grande profeta del Pueblo, quien en su momento debió ser salvado de una matanza de niños, quizás extrapoló esta leyenda mosaica a la historia de Jesús.
Duccio di Buoninsegna 056.jpg


UN SALUDO,


CARNUDITA

PD: ABSTENERSE DE PONER COMENTARIOS DE METECAQUITA POR FAVOR.

jueves 22 de diciembre de 2011

Suerte con la Loteria de Navidad !!

En este día tan especial, os regalo un décimo a cada uno de vosotros, que seguro que os va a tocar :)





Muchos Besitos a todos. Feliz Navidad

miércoles 21 de diciembre de 2011

LA NAVIDAD



Es difícil precisar cuando comenzó a celebrarse la Navidad tal cual hoy la conocemos. Lo cierto es que las costumbres, mitos y leyendas que se le fueron sumando a lo largo de los siglos provienen de muchos países diferentes.

Tampoco se conoce el día exacto del nacimiento de Jesús, aunque se sabe que fue durante el reinado de Herodes. A mediados del siglo IV, el Papa Julio I estableció la fecha del 25 de diciembre, día próximo a muchas fiestas del solsticio de invierno que se celebran en la antigüedad.

La aparición de Papá Noel también llamado Santa Claus, Sinterklaas o Pere Noel, según el país- así como la tradición del árbol navideño o la representación del pesebre, son costumbres que provienen tanto de la leyenda como de la realidad.

La figura de Papá Noel, por ejemplo, esta inspirada en la vida del obispo de Mira - en la actual Turquía- conocido hoy como San Nicolás, que fue muy popular por su bondad y generosidad con los pobres.

EL ÁRBOL:

Cuando en invierno los árboles perdían sus hojas, los germanos los vestían para que los espíritus buenos que en ellos habitaban regresaran pronto. Los adornos más comunes eran manzanas o piedra pintadas, eso fue el origen de los adornos, las bolas de cristal se incorporan alrededor de 1750 en Bohemia.

Buena parte de la tradición del árbol de Navidad, en cambio, tuvo su origen en una leyenda europea: se dice que durante una fría noche de invierno, un niño busco refugio en la casa de un leñador y su esposa, que lo recibieron y le dieron de comer. Durante la noche el niño se convirtió en un ángel vestido de oro: era el niño Dios. Para recompensar la bondad de los ancianos, tomo una rama de un pino y les dijo que la sembraran, prometiéndoles que cada año daría frutos. Y así fue: aquel árbol dio manzanas de oro y nueces de plata. Fue San Francisco de Asís quien populariza la costumbre de armar un pesebre. En su viaje a Belén, en el año 1220, quedó asombrado por la manera como se celebraba allí la Navidad. Entonces, cuando regresó a Italia le pidió autorización al Papa Honorio III para representar el nacimiento de Jesús con un pesebre viviente. A partir de ese momento, la tradición se extendió por Europa y luego por el resto del mundo. Hoy Papá Noel, el arbolito y el pesebre son los símbolos universales de la Navidad. Tan universales como la costumbre de desearles a todos y en todas partes, felices fiestas.

SIGLO XII:

La tradición católica de San Nicolás se expande por Europa, mezclándose con celebraciones similares.

SIGLO XVII:

Emigrantes holandeses llevan la tradición a EE.UU. En España se convierte en los Reyes Magos, desde allí se difunde hacia Latino América.

1087:

Los restos de San Nicolás son llevados a Bari, Italia, donde se construye una iglesia en su nombre. Curiosamente en Italia quien trae los regalos de Navidad no es San Nicolás sino una bruja buena.

EL PESEBRE:

La escena que representa el nacimiento de Cristo se fue completando con el paso del tiempo Principio del siglo IV: Cristo en un pesebre y habían solamente una vaca y un asno. A fines del siglo IV: Se agregan una estrella, Virgen María, recién a partir del año 431, con el Concilio de Efeso, aparece en el centro de la imagen.

Siglo V:

Los Reyes Magos:

El Papa San León estableció que eran tres los Reyes Magos que fueron a adorar el niño guiados por una estrella. Melchor, Gaspar y Baltazar.

Regalos: Oro incienso y mirra

Significado: Rey y Dios Hombre.



FELICES FIESTAS!!!


CARNUDITA

martes 20 de diciembre de 2011

LA NIÑEZ



Supuesta conversación entre una madre y un hijo.

-Mamá, ¿qué haces?
-Estoy jugando en el ordenador.
-¿Y a qué juegas?
- A un juego que se llama chat.
- ¿Y cómo se juega a eso?
- Es muy fácil.. Entras te pones un nombre inventado y comienzas a hablar con gente.
- ¿Pero con gente que conoces o con gente que no conoces?
- Al principio no te conoces, luego vas conociendo poco a poco y haces amigos.-
- Ah!¿ Es un juego para hacer amigos?
- Digamos que es un juego para conocer gente, para reirte un rato e incluso para hacer amigos, algo asi. Pero tiene distintos niveles de dificultad. Hay que ir pasando de un nivel a otro, si no se acaba la partida.
-¿Y es muy difícil pasar de niveles?
-Mucho, mucho, porque es un juego en grupo y las reglas no son iguales para todos. Unos usan el nombre de otros para te confundas, otros insultan para enfadarte, otros te critican, pero bueno, en general hay gente simpática y maja por la que merece la pena seguir jugando.
- Y yo de mayor ¿podré jugar, mamá?
- Seguro que jugaras, seguro… para ti será algo completamente habitual relacionarte con personas que no conoces, en Internet.
- Me gusta más la Wii, cuando sea mayor ya me pensaré lo de ese juego chat…

viernes 16 de diciembre de 2011

MÁS ALLÁ DE LA VIDA

Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida.

Luis García Montero


Desde siempre, desde que tuve conciencia de que la tenía, creí firmemente en que había un algo más allá, que era imposible que esto fuera todo y como era imposible y yo quería otra cosa, supe entonces que después de esta vida que desperdiciamos, habrá otra mejor, mucho mejor, lo será porque habremos aprendido de los errores de ésta. Diseccionaba con mi pequeña imaginación las vidas de las personas que tenía alrededor -salvo a papá y mamá y a mis abuelos tampoco, cuyas historias me parecían extraordinarias, dignas de una vida plena, esforzada y feliz-, Pedro el portero o su mujer Nico que criaba canarios en el patio que daba al garaje, el de la lechería que tenía media cara cubierta por un angioma -a mí eso me parecía la mayor de las desgracias terrenales-, el ferretero que era muy bajito y ye-ye -calvo con melenas-, el conductor del autobús, siempre enfadado y abstraído, y pensaba que no podía ser eso todo, que tiene que haber un más allá mucho más bonito y más hermoso. Era, y es, más la creencia de que sería una estupidez tanto sufrimiento o tanto aburrimiento en las vidas que tenemos porque no sirve salvo para hacernos infelices; que tiene que haber algo más, un paraíso prometido con huríes o sin ellas, que le dé sentido a toda esta vida inútil que nos hemos montado. Si es más fácil perdonar y sonreír o comprender -y mucho más gratificante- ¿por qué nos empeñamos en enfadarnos y sentirnos desgraciados? Recuerdo que Nico, la portera, nos regaló un pequeño canario con flequillo de esos que criaba ella. Le llamamos Farinelli, como il castrati. Farinelli se lanzaba a cantar gloriosamente en la escena más interesante de una película o cuando "el bombón" de la tele daba las noticias -ese chico lloraba un poco mientras hacía sus locuciones las largas colas para visitar el cuerpo de Franco- o en la presentación de "La Clave" que era tan importante como la película que proyectarían después, o durante "A Fondo", ese programa tan intenso del UHF. Farinelli henchía su pechito y se lanzaba a trinar como un descosido y sólo se callaba cuando alguno de nosotros, rápidamente, levantaba un brazo a la romana. Era divertido, un canario de patio de vecinos, con flequillo, resultó ser respetuoso con el saludo del fascio redentor. Una vez se escapó volando por la terraza de delante. La Vikinga sentenció - despedíos de él, ya no le vamos a encontrar. - Pero mamáaaaa, se va a morir, no sabe vivir fuera de su jaula. Tanto lloramos los tres, imploramos y pedimos que mamá nos dejó bajar a la calle y subir a las azoteas vecinas para buscarle. Lo encontró el portero del 18 en su azotea, muerto de miedo y de calor. Garbancito de la Mancha o la Amiga de las Moscas -cuando era muy pequeña, un bebé, el Intermitente Humano le puso ese sobrenombre de Garbancito; el Exmelenas era Tristrás y yo la Queca- se arrogó la importantísima tarea de hacerle revivir. Y revivió, vivió hasta que el siguiente otoño un cuervo negro atacó su jaula en la terraza, hiriéndole de muerte. Entonces me impuse yo la tarea de consolarle hasta la muerte pues sabía que se iba a morir. Lo tuve arropado con mis pequeñas manitas de entonces y el pobre Farinelli se dejó dar consuelo. Fue tan prudente como para morirse esa noche arropado con el abrigo de visón blanco de la Nancy tuerta, en lugar de hacerlo entre mis manos. Su sangre no era roja sino naranja y algún día le encontraré cantando en el momento más interesante y al levantar mi brazo a la romana, se callará.




Más allá de la vida (Hereafter, 2010). De Clint Eastwood. Matt Damon, Cécile de France, George y Frankie McLaren.

martes 13 de diciembre de 2011

UN MUNDO DE SENSACIONES



Tengo la sensación de haber cerrado recientemente una puerta detrás de mí, como si hubiera concluido una etapa de mi vida, algo asi como una adolescencia tardía que no fluyó correctamente en su época y que estalló de manera inesperada sin que yo pudiera controlarla.Todo aquello que no puedo controlar me da miedo. Me da miedo volar porque no sé pilotar, me da miedo sentir porque no sé como se paran los sentimientos, me da miedo hacerme mayor porque no sé lo que me depara el futuro.

Tengo la sensación de haber vivido esa etapa aquí,en este blog. Si he dicho bien, vivido,del verbo vivir, eso que sólo sabemos hacer los que somos como “el papel de fumar”, los que sentimos mil cosas con una canción, los que lloramos con un reproche, los que nos enfadamos con una critica. No creo que nunca más vuelva la niña que había en mi, no lo sé..

Tengo la sensación de que nunca volveré a ser a la misma, pero por fin me he encontardo a mi misma, no a mí en el rol de madre, en el rol de trabajadora, en el rol de esposa, en el rol de amiga. No, a mi, yo sola conmigo misma. Y me gusto, me gusto de verdad.

Y tengo la sensación de que alguien me tenía que haber avisado que pasar la crisis de los 40 aqui,es una putada de campeonato ¡ jajaja.
Besos
Basomirinda

miércoles 23 de noviembre de 2011

SENTIDO Y SENSIBILIDAD

Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí entre mi cuarto,
como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sabor maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo esto que soy yo y que ya no es mío?

Darío Jaramillo.



Elena Francis daba consejos sin parar en el transistor de la cocina -uno pequeño colocado encima de la nevera-, consejos para problemas completamente desconocidos y que a mí me parecían de lo más sensato, además, aquélla voz de mujer sonaba cálida y con autoridad, lo mejor -seguro- era hacerle caso. La cocina de casa era el paraíso, entre el olor de la plancha, de los guisos y el sonido de la radio, por no hablar de la bolsa de pan duro que mi madre coleccionaba para dársela a Nico, la portera, que lo molía y vendía después a los vecinos -luego se dedicó a hacer figuritas espantosas de migas de pan-. Ese pan duro nos salvó de varias hambrunas mañaneras. Por la tarde sonaba Simplemente María pero sólo me gustaba la sintonía, no me podía gustar otra cosa porque en cuanto empezaba mi madre nos largaba de allí inmediatamente. La Vikinga es cosa seria, una mujer vital e inteligente que lo mismo escuchaba la radionovela que leía a John Dos Passos, lo sigue haciendo, no se pierde absolutamente nada de lo que la vida le ofrece, y lo hace sin complejos de ninguna clase. La Vikinga era famosa entre los amigos de la Amiga de las Moscas porque lo mismo le interrumpía una conversación telefónica de hora y media "cuelga ya, que llevas más de una hora" que la esperaba en camisón en el portal a las tantas de la madrugada. Claro que la amiga de las moscas avisaba, si veis a una señora rubia en camisón en el portal, no es un fantasma, es mi madre... -seguramente aquello se convirtió en la broma habitual del comienzo de una juerga- y le daba igual, ella seguía apareciendo a las tantísimas de la mañana más alegre que una conga en una boda. Sus regresos a casa eran memorables -a mí siempre me pillaba ya dormida y es que yo era exasperadamente formal por no decir completamente gilipollas- lo mismo saludaba a todos los muebles de la habitación que compartíamos, que me despertaba para contarme algún secreto amoroso o que se había encontrado a fulanito en Green o en If o vaya usted a saber. De mí, a esas horas, nunca obtuvo nada más allá de un gruñido y un aburrido mañana me lo cuentas -y es seguro que me lo contaba, con pelos y señales-. La Amiga de las Moscas siempre fue un caso digno de estudio, tanto al Exmelenas como a mí nos costó un par de veces bajar al portal a consolar a algún noviete desplantado, aconsejándole que lo mejor que podía hacer era volverse a su casa, dejar el puesto de vigía de occidente -que ella no iba a aparecer, se atrincheraba hasta que pasaba la tormenta- y olvidarse de la pérfida morenita que le había roto el corazón. Por no contar la cantidad de veces que a las tres y cuarto en punto de la madrugada, me encontraba yo con que era la hora de volvernos a casa -tres y media de la mañana- y no sabía dónde se había metido. Cuando llegaban las Navidades y con ellas mis primos de Galicia, se rizaba el rizo, en lugar de buscar a una tenía que buscar a dos, porque mi prima gallega pequeña era del mismo Club "me importa todo un pimiento", claro que en esas ocasiones contaba con la ayuda de la otra prima gallega, de mi misma edad, tontería, sensatez y condición. Las dos pequeñas volvían muertas de la risa y las dos mayores cabreadas como monas, con una estúpida aureola de sensatez enmarcando la cabeza rizada de las dos y con la seguridad absoluta de que las pequeñas se lo habían pasado el doble de divertido que nosotras, lo que nos convertía en dos perfectas imbéciles.



Sentido y Sensibilidad (Sense and Sensibility, 1995). De Ang Lee. Emma Thompson, Kate Winslet, Hugh Grant, Alan Rickman.



martes 22 de noviembre de 2011

EL BUEN HIJO

No le digas a nadie que he vuelto a tus jardines
escóndeme bajo tu cuello de ángel
en tu pelo de bruma
en tus ojos de marzo

vengo huyendo hasta la piel de tus murallas
la soledad me sigue muy de cerca

ocúltame bajo tu permanente desnudez
en tu mano profunda
en tu llanto perfecto
en tu saliva sabia

preguntan quién ha subvertido este infiel corazón
sé que no me hallarán:
la luz lo ciega todo

Gaspar Aguilera



El reloj del pasillo de la casa de mis abuelos marcaba el tiempo lento de algunas tardes que pasábamos allí. Mientras los mayores se reunían alrededor de la mesa camilla del saloncito -que el salón era un lugar sacrosanto donde no se podía entrar-, los niños intentábamos jugar en el fondo de aquélla casa enorme y oscura llena de misterios por descifrar. Lo intentábamos nada más, la severa vigilancia de mi abuela -que aparecía a cada rato- impedía que disfrutáramos a fondo y además, nos daba mucho miedo; a mí me daba miedo hasta el sonido del reloj, tic, tac, tic, tac-. Nos dejaban jugar en la cocina, grande y blanca de baldosines pequeños muy brillantes. La cocina tenía un office y tres puertas que daban a tres grandes rincones para pequeños exploradores, la despensa -mi abuela almacenaba una cantidad ingente de aceite, azúcar y legumbres del pedido del economato-, el cuarto de la lavadora y un baño pequeño. Frente a ellos y en el otro extremo, el despacho de mi abuelo -que antes había sido el cuarto de la criada, cuando la criada dormía en casa-, que siempre se sintió más a sus anchas en la cocina que en cualquier otro lugar de la casa. Por allí, nada más salir hacia el pasillo, andaba el cuarto de mi hermano mayor -ese del que apenas he hablado todavía-, un cuarto pequeño y francamente feo repleto de armarios empotrados y una pequeña cama, pero que a nosotros, los tres pequeños, nos parecía un santuario. Si andaba de buen humor nos enseñaba sus juguetes "de mayor", un scalectrix de coches antiguos, unos kunchakos, unos juegos reunidos Geyper y un oso; un grizzly de colmillos ensangrentados, hecho de material duro con unas ruedas debajo. Cuando lo ponía a funcionar, el puñetero oso me daba auténtico pánico, echaba a andar despacito gruñendo con esa cara sanguinaria que tenía. El cabronazo de mi hermano mayor lo usaba cuando le molestábamos demasiado, así se deshacía de nosotros. El Cabronazo siempre vivió con los abuelos desde que éstos supieron de su existencia, cuando contaba tres añitos más o menos. Mi padre fue padre soltero con veintipocos años y el Cabronazo fruto de varios roces más o menos afortunados con una chica de conjunto que estaba casada y tenía un hijo. Papá, estudiante de Derecho renegado, tenía montado un tinglado con algún amigo en forma de Agencia de Espectáculos en la calle Montera, de modo que vivía más la noche que el día, merodeando como un salvaje en las madrugadas de aquél Madrid de los cincuenta. El Cabronazo se crió con un ama en la calle del Amparo -el nombre de la calle le viene al pelo a esta historia- hasta que papá, en un alarde de valentía o porque no le quedó más remedio, decidió sacarlo de allí y confesarle a su propio padre la existencia de la criatura; se lo aconsejó su abuela María Jesús, la única con la que mi padre tenía la suficiente confianza y seguridad. Mi abuelo se enamoró completamente del angelical querubín de rizos rubios y ojos azules, tanto que lo adoptó como propio y se lo llevó a vivir con él pese a la protesta silenciosa de mi abuela, que jamás le quiso -el niño jamás se mereció que nadie le quisiera ni un poquito-. La aventura le costó a mi padre el exilio a Menorca, a remodelar el Puerto de Ciudadela. Yo adoraba al Cabronazo con ojos grandes y entusiasmo desmedido, me parecía la personificación de todo lo más grande y lo más hermoso, aunque no entendía esa extraña situación en la que vivía siendo nuestro hermano, y tampoco entendía que él fuera tan antipático y cabronazo con nosotros, aunque siempre se lo hacía perdonar. Cuando años más tarde supe la verdad, que sólo éramos medio hermanos, sentí muchísima compasión por él y sentencié, sin mucho juicio, que dadas las circunstancias era lo más normal del mundo que él se portara como se portaba, como un auténtico hijo de Satán. Con sólo trece años se escapó de casa por primera vez; al cabo de un mes, más o menos, le encontraron viviendo con una mujer veinte años mayor que él en un poblado gitano. Desde entonces las evasiones y las mujeres mayores han sido una constante en su vida.



El buen hijo (The Good Son, 1993). De Joseph Ruben. Macaulay Culkin, Elijah Wood.



lunes 21 de noviembre de 2011

Hasta siempre Amigo Mío.

El Viernes 18 de Noviembre murió un amigo de las salas de El Mundo. Murió tal y como era, como un torbellino, sin dar explicaciones, sin síntomas, sin hospitales, tal y como era él. Le conocíamos, como Nómada de tu cuerpo, Nomi para mi, o como jinete Libre y Salvaje. El siempre fue mi amigo Makarra, jajaja como le molestaba que se lo dijera, bueno a mí me llamaba pijaza y también me fastidiaba, pero era nuestra forma de charlar, siempre picándonos. Siempre tuvo buenas palabras conmigo y siempre me defendió en las salas a muerte. Le encantaba hacer de caballero andante, aunque lo negara y aparentara ir de duro por la vida, era todo un “moñas” como le decían sus amigos. Un Nick muy especial, al que un día conocí en persona, después de más de cinco años charlando, conociendo un poquito de nuestras vidas y de nuestros pensamientos.

Juankar, espero que donde estés, sigas con tus cervecitas y con esa sonrisa pícara, detrás de una cámara de fotos, tu gran pasión. Fotografiando a gente normal que con tu cámara la inmortalizabas de una forma muy especial.


Mi “hasta siempre” cariñoso, para un amigo de las Salas de El Mundo.

jueves 17 de noviembre de 2011

Romy Schneider.

Cuántas veces te he visto en pelotas, Romy. Eso sí, en la tele. Las pelis en la tele francesa las echaban a las 8,30 de la tarde. Para nosotros tarde, noche para ellos. Siempre miraba qué peli echaban y aunque no entendiera nada, si tenían un pequeño rectángulo en la parte inferior derecha quieto ahí parado. Era más o menos, no, mejor más que menos, algo parecido a los dos rombos que ponían en la española pero con chingorroteo. En aquella época no existía el mando a distancia así que las veía de pie, por si venía alguien al salón y tenía que cambiar rápidamente. Estaba de moda la moqueta así que ni la tarima podía ser una alíada. Más peligro. Tú y yo, Romy. Tú en pelotas o chingando y yo de pie, mirándote con esos ojitos de psicópata que Dios me ha dado. No quiero ni recordar si me pillaba mi madre el cuadro que podía ser aquello. Yo, el ángulo recto en varias facetas. De pie, a escasos metros de la televisión con el dedo en el botón. Y tú, Romy, en pelotas y chingando y mi madre viendo el espectáculo conjunto. Dicen que con la edad nos volvemos niños, así que me iré preparando para si un día entro en casa de mi madre y le veo con la cabeza ladeada mirando la tele y no mirar por si acaso Nacho Vidal está sentando cátedra. Mi madre está sorda.

KILL BILL

Quien viene sólo sabe que viene.
Quien se va sólo conoce su final.
Para salvarse del abismo
¿Por qué sujetarse al precipicio?
Las nubes bajas
Nunca saben adónde las llevará la brisa.

Banzan



Cogíamos los patines de ruedas, los Sanchesky maravillosos que se ataban con correas de cuero, y nos lanzábamos en carreras imposibles por el pasillo de casa, arriba y abajo, así los rayajos negros de las ruedas de los patines hacían juego con los de mis gorila en esos momentazos de ira incontenida. El largo pasillo que nos servía para casi todo ya no es igual, ahora tiene parqué y parece más corto y más ancho, pero entonces era de una losa gris espantosa, largo y estrecho. En el rincón donde torcía a la derecha para el baño se apostaba invariablemente una pantera justo en el intermedio de la película, ir al baño en una carrera era sólo para valientes. El pasillo digo que servía para todo, para patinar, para jugar a las chapas, a los penaltis, a rayuela, a las canicas, a la guerra pintando el suelo con tizas de colores, a las casitas; escenario de casi todas nuestras guerras, el Exmelenas Rubias le cogía a la Vikinga un poco de lana de tejer, ataba un extremo en el teléfono del pasillo y el otro a un picaporte de la puerta del comedor y se liaba a tirar por allí madelmanes, geypermanes -algunos afeitados- y toda suerte de indios y vaqueros de plástico sobre nuestras pobres Nancys -la mía era pelirroja y la de la Amiga de las Moscas, rubia-. Mi Nancy vino de comunión el día en que yo hice la mía y el Exmelenas la suya, vestida exactamente igual que yo, de monjita. Estaba tuerta y le faltaban dos dedos de una mano desde que una tarde, el Exmelenas en una de sus gracias habituales, la secuestró, la ahorcó en las cortinas del baño y, ante mis gritos desconsolados, tiró contra el suelo con todas sus fuerzas antes de devolvérmela. Aquello fue una tragedia griega para mí, la Nancy fue la única muñeca, el único juguete por el que sentí verdadero apego. Aún la quise más, tuerta y todo era más bonita que la de mi hermana. La Vikinga y el Intermitente Humano, compadecidos ante tamaña desgracia infantil, no castigaron al gilipuertas del Exmelenas pero cedieron a la pequeña súplica angustiada de la Queca -la moi- y una tarde fría de invierno, cercana a Navidades, nos llevaron a mi Nancy y a mi a la calle Preciados engalanada de luces y gentío, al Hospital de las Muñecas. Hoy me encantaría haberme visto la cara entonces, apretando mi muñeca fuerte y con la esperanza puesta en un arreglo inmediato -dejarla allí ingresada no era una opción que se me hubiera ocurrido-. La dependienta examinó a mi Nancy y diagnosticó cambio de brazo y ojo, dando un precio por la intervención que evidentemente no recuerdo pero que sí era lo suficientemente elevado como para que la Vikinga le diera las gracias y saliéramos de allí sin operar a mi muñeca. Así se quedó mi Nancy para siempre, tullida como mi pequeño corazón desolado entonces. No recuerdo la venganza que llevé a cabo -es seguro que me vengué en proporción geométrica-, quizá por eso, cada vez que veo Kill Bill, pienso en mi Nancy tuerta y me entran ganas de Kill Exmelenas.



Kill Bill (Aka Kill Bill, Vol. I y II), 2003 y 2004. De Quentin Tarantino. Uma Thurman, Lucy Liu, Daryl Hannah, David Carradine, Michael Madsen, Vivica A. Fox.


miércoles 16 de noviembre de 2011

Siete vidas





De la primera casi no te das cuenta, fuerzas mayores impiden que se termine vete a saber en qué basurero tirado con una aguja colgando de un brazo, tiempo después haces el recuento no sin que un escalofrío recorra esa curadas venas.
En la segunda te das cuenta en el hospital, no recuerdas más que vagamente una bicicleta, una cuesta, un golpe difuso… la falta de dientes y más de 50 puntos en la cara te hacen recomponer una escena poco alentadora.
La tercera se recuerda hasta cariñosamente, ese recuerdo de la persona tan querida sujetándome por la chepa diciendo aquel clásico suyo ( dónde vas meón), sigue dejándome la mente en blanco con la pena de no haberle podido echar yo la misma mano antes de que la fatalidad lo apartara de mi lado, del lado de todos. Posiblemente el paso de 24.000 voltios por el cuerpo conociéndole nos hubiese abrasado a los dos.
La cuarta silbó por encima de mi hombro, y eso que el marrano ni siquiera estaba en mi línea de tiro.
La quinta cayó de un camión con el fin de empotrarse en mi persona, la suerte o sepa dios hizo que me rozara y no fuese a más.
La sexta se la he cedido a un pobre desgraciado, como si fuese consciente de que el peligro estaba ahí arriba, pasa tu…. Me gustaría saber de él, del estado en el que los bomberos le habrán sacado.
Me voy a fumar un purito y a chatear mientras lo apuro, miedo me da la séptima aunque me gustaría haber olvidado alguna para no seguir la cuenta gatuna.





MADAME BOVARY


"...Debo fingir que hay otros. Es mentira. Sólo tú eres. Tú, mi desventura y mi ventura, inagotable y pura..."
Jorge Luis Borges.


Cuando pienso en los meses del año imagino siempre una especie de larguísima hilera de meses y días en orden descendente, igual que los días de la semana; y yo desciendo con ellos al pasar del tiempo. Eso no ha cambiado, desde que era muy niña me los he imaginado así, así y en blanco y negro como una visualización perruna. Lo que sí ha cambiado es el dibujo de los años; cuando era pequeña miraba mis años futuros en dos pequeñas cuestas -menos pronunciada hasta los diez y de ciento ochenta grados hasta los dieciocho-, una meseta feliz en la veintena y la bajada vertiginosa de los treinta, estable a los cuarenta -la menos estable de todas las edades del hombre- y ¡sorpresa! ascendente de nuevo a partir de los cincuenta. El tiempo pasa vertiginosamente lento o perezosamente rápido y al final casi nada es como tenía que ser o como cuando imaginó que al cumplir dieciocho años sería ya mayor. Solía mirarme en el espejo de la entrada -allí donde el exmelenas se apostaba para pegarnos sustos de muerte hasta que la rotura de diez platos acabó con ese juego- un espejo grande muy hermoso que sigue colgado allí donde siempre estuvo. Me miraba los ojos, la mirada rizada que decía mi padre que tenía igual que Romy Schneider y Marie Laforet, sus dos actrices preferidas. Me contaba que una vez vio en Ciudadela saltar a la comba a una niña preciosa igual que tú ahora, y que al verla supo que un día tendría una hija como ella. Y yo quería creérmelo, quería ser Sissi Emperatriz aunque quizá lo que yo quería ser era Romy Schneider, que tampoco es tanta la diferencia, dos mujeres hermosas y desgraciadas. Quizá dos románticas a lo Madame Bovary, dos mujeres en busca de amor, de pasión y fuego. Dos tontas presas de anhelos imposibles -la vida es como es, no como tú imaginas que puede ser-, que a fuerza de perseguirlos se convierten en todo lo contrario que buscan, acaban siendo inmensamente desgraciadas, derramando infelicidad por donde quiera que pasan. Ayer o anteayer, pensando en la pequeña escala del tiempo, del tiempo de mi vida, reconocí por fin que me he convertido en la pequeña Bovary -estúpida, vana, emocionalmente caprichosa y desdichada- y que jamás podré ser ni como Sissi Emperatriz, ni mucho menos como Romy Schneider.




Madame Bovary, 1949. De Vincent Minelli. Jennifer Jones, James Mason, Van Heflin, Louis Jourdan.


viernes 28 de octubre de 2011

¿Quién fue Drácula?

Da miedo pensar que drácula en verdad existió pero es un personaje real.
Era un sanguinario príncipe rumano, empalador, asesino, descuartizador y cruel torturador de personas. Daba a sus enemigos una atormentada muerte. Nada que ver las películas de terror que vemos acerca de drácula porque la brutal realidad que se vivió es ampliamente más aterradora que la ficción que se plasma en los films.


Su verdadero nombre era Vlad Tepes, hijo del cruel Vlad Dracul, príncipe de Valaquia, llamado "El Diablo" y de donde viene el apodo de Drácula, que significa hijo de Drácul, es decir, "Hijo del Diablo". Pronto el hijo superaría con creces las espantosas atrocidades de su padre.
Su macabra mente se fue formando desde niño al tener una infancia marcada por las desgracias y los malos ejemplos, al observar las atrocidades que hacía su padre, criado en un entorno de guerra, torturas, asesinatos y salvajadas totalmente apartado de Dios.
Muestra de su perturbada mente puede verse en los grabados que se conservan, donde puede apreciarse cuando Vlad Tepes desayunaba en medio de sus victimas empaladas y otras siendo descuartizadas.

Aunque el empalamiento era, evidentemente, la diversión favorita de Vlad, también gozaba con la aplicación de otros métodos a quienes de un modo u otro le habían hecho enfurecer, normalmente en la intimidad de sus castillos.

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Entre los métodos de tortura favoritos del Príncipe de Valaquia se contaban también la amputación de miembros, narices y orejas; la extracción de ojos con ganchos calientes al rojo vivo; el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, el vaciado de ojos, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especialmente de las mujeres.
Diez ejemplos de su crueldad
1) Mensajeros Turcos
A unos mensajeros turcos que se negaron a quitarse el turbante en su presencia, Vlad los devolvió a Estambul con los turbantes clavados a los cráneos.
2) El Comerciante Robado

Un buen día, un comerciante florentino se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. El príncipe le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó al día siguiente, los ladrones y todos los miembros de sus familias estaban empalados en el patio de castillo. Frente a ellos, Vlad en su trono y la bolsa robada.


Entonces el Empalador le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidadosamente, y probablemente demasiado asustado para mentir, musitó finalmente:
-Sobra una.
Vlad le contestó:
-Tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela, habrías acabado en la estaca más alta, junto con éstos.
3) Las Caravanas de Comerciantes

Ocurrió que unas caravanas de comerciantes alemanes en su ruta desde Serbia hasta Hungría no llegaron a pararse en Valaquia y comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó capturar las caravanas y asesinar a los 600 comerciantes que las componían exceptuando a dos, a uno de ellos le sacó los ojos y a otro le cortó la lengua y les hizo volver con las cabezas de los comerciantes a Serbia.
4) La Amante

Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probablemente debido al hecho de que le duraban muy poco. Un día que Vlad estaba de mal humor una de sus amantes le dijo para complacerle que estaba embarazada de él. Vlad le envió una matrona para que la examinase y cuando ésta le dijo que no había tal embarazo le rajó el vientre a su amante gritando que quería ver el fruto de sus entrañas.
Castigó duramente el adulterio y no dudó en empalar a todas aquellas mujeres que fueran acusadas de ello.

5) El Monje

Un día cuando Vlad paseaba con un monje junto a un bosque de empalados, éste le dijo que el hedor era insoportable, pero se lo dijo en tono de sorna. Vlad le miró con ojos incendiarios y ordenó que lo empalaran en el palo más alto que hubiera. Cuando el monje ya estaba empalado el príncipe le preguntó si allí arriba olía mejor.
6) La Esposa Holgazana

Vlad se encontró con un hombre trabajando en el campo que parecía falto de mujer por el aspecto de sus ropas. Al preguntarle si no estaba casado éste le dijo que sí. Drácula hizo traer a la mujer y le preguntó qué hacía en sus días y ésta le dijo que lavar, hacer el pan y coser. Señalando a las ropas de su marido, Drácula no la creyó y decidió empalarla a pesar de que el marido afirmaba estar satisfecho con ella. Luego obligó a otra mujer a casarse con este hombre no sin antes amenazarla con el mismo destino si no cuidaba bien del campesino.
7) El General Dan

Otra de sus acciones fue la muerte al líder del ejercito (voivoda) Dan, a causa de que éste quiso derrocar a Vlad del poder de Valaquia, no sin que antes Dan cavara su propia tumba y asistiera a sus propios funerales. Ocurrió en 1460. Fue decapitado.
8) Los Monjes Mendigos

Cuando Vlad fue de visita a un pueblo de Valaquia, vio como dos monjes le pedían limosna. El príncipe les preguntó que por qué pedían limosna si podían vivir sin penurias colaborando en cualquier iglesia y éstos le respondieron que mendigando podrían saber si iban a entrar o no en el reino de los cielos, a lo que Vlad sin más miramientos, les mandó empalar y les dijo que así sus dudas quedarían resueltas de inmediato.
9) La Copa de Oro

También puso en la plaza de la capital de Valaquia, Tirgoviste, una copa de oro para que todo el mundo bebiera de ella, pero aquel que la robara se sometería a la justicia del príncipe. Durante los años de su reinado nadie osó robar la copa de oro.
10) Torturas a Animales

Incluso cuando estaba prisionero o en el exilio, se dedicaba a torturar y mutilar pájaros y otros animales pequeños, como ratones y ardillas

 
CARNUDITA
¡¡FELIZ NOCHE DE HALLOWEEN!! Y FELIZ PUENTE A TODOS!


martes 25 de octubre de 2011

EL SUR

Estás cansada
(yo creo)
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.

Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
(sólo tú y yo, ¿comprendes?).

Tú has jugado
(yo creo)
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.

¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encontrar la Flor Única,
que sustentará (yo creo) tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.

E. Cummings


Sí quiero. Una vida está llena de imágenes, muchas veces sin sonido y sin la música y los ruidos que en las películas crean la atmósfera necesaria para que casi todos los sentidos se impliquen en la historia que te están contando. La vida está casi siempre desnuda y cada vez más despojada de esas cosas que la dulcifican -apenas se oye cantar a nadie en ninguna parte ¿no os habéis fijado?-, de esas cosas que en tiempos duros hacían compañía y daban esperanza. La vida está desnuda y es uno mismo el que debe cantar para adornarla. Mi abuela y mis tías se reunían a menudo en casas de unas y otras, cogían un viejo magnetofón -tendré que explicarles a mis hijas lo que era un magnetofón, me da como un escalofrío- y se ponían a cantar cosas viejas, cursis y absurdas para escucharse después. Fumaban Lola todas juntas, ignorantes las pobres de lo malísimo que es fumar, beber y reír. Las cinco hermanas cacatúas hablaban siempre de su hermano perdido era un musicazo -realmente fue un pobre muchacho de provincias, estudiante de piano, incapaz de lidiar con el hecho de vivir que se rindió muy pronto-, hablaban de él con una adoración propia sólo para con los muertos, que a los vivos no se les adora de esa forma tan incondicional. Las cinco eran bajitas y pretendidamente alegres porque la que me tocó a mí como abuela era una mujer dura como el pedernal incapaz de tener un gesto de ternura ni de debilidad y a la que jamás vi llorar. Las cinco se inventaban canciones Somos las hijas de Doña Adelina... al tiempo que se turnaban para alojar en su casa a su tremenda madre, Adelina, mi bisabuela, a la que conocí sin pena ni gloria -más de lo primero que de lo segundo porque la señora tenía una mala baba de antología y los niños le teníamos verdadero pánico- y que murió un 20 de noviembre -no sé qué pasa que ese día se rinden todos- a punto de cumplir los cien años de vida. Ese día papá y mamá estaban esperándonos en la parada del autobús, la ruta 3, en la esquina donde paraba estaba la bodega y al lado la panadería -la meca de nuestros anhelos infantiles-. Nos esperaban con un regalito para cada uno, ignorantes de que la muerte de la bisabuela no iba a impresionarnos en absoluto -por lo menos a mí no-. A mí me trajeron un soldadito de plástico, un guardia inglés, lleno de rotuladores de colores que me gustó tanto -no sólo me gusta dibujar, también todos los apaños de papelería- que casi deseé que todos los días se muriera algún pobre viejito de entre todos los que poblaban la familia para tener un regalo tan bonito. Aún me veo afanada en dibujar cualquier cosa con mi tesoro nuevo, pero no veo los días de la muerte de la bisabuela. Me veo corriendo hacia mi padre -muy pequeña- con un vestido nuevo y él haciendo que se desmayaba de lo guapa que estaba. Me veo mirando a mi adorada abuela menorquina -esa que sigue conmigo- mientras ella, aureada de luz, se inclinaba para darme un polo casero en la terraza de delante. Me veo aplicada e impotente intentando seguir el ritmo del dictado con el que nuestro hermano mayor -nunca os he hablado de él aún- nos torturaba al exmelenas rubias y a mí sentados en casa de mis abuelos; yo era muy niña todavía y él decía coma de un modo grandilocuente, como los más severos maestros y yo, pobre e ignorante de mí, escribía coma en lugar de poner el signo ortográfico, cabreándole como una mona; y me veo muerta de miedo muchas noches de mi pequeña vida de entonces.



El Sur, 1983. De Víctor Erice. Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio.

viernes 21 de octubre de 2011

EL GRAN DICTADOR


Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, un mundo decente que dé a los hombres la oportunidad de trabajar, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad.

Fue bajo la promesa de estas cosas que las bestias subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas y nunca las cumplirán. Los dictadores se hacen libres sólo a ellos mismos, pero esclavizan al pueblo.

Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Luchemos todos para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la codicia, el odio y la intolerancia. Luchemos por un mundo en que reine la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

¡Soldados!

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.


Llevo varios días, un par de semanas, intentando seguir el hilo de las cosas que os iba contando pero ya no me salen igual. Antes me divertía escribirlas pero ahora siento que las escribo un poco más ñoña, menos ingeniosa y bastante más tristona -aunque lo triste en su justo punto es no sólo necesario, además es estupendo-. Por todo eso prefiero avisaros de que puede que le dé un giro al blog y, abandonando los relatos de una infancia y adolescencias magníficas, cuente otras cosas o no cuente absolutamente nada, o vuelva a escribir guarradas solemnes o simplemente me dedique a volcar aquí lo primero que se me ocurra cuando me siento delante del Pc y abro el blog, ya lo iremos viendo. Ya sabéis que El Sardina tiene encomendada -y aceptada con agrado- la misión de cambiar todos los días la portada del blog, su poema y su música cohesionando la tres y dándole un sentido y una estructura, las tres cosas que hicieron que este blog tuviera su seña de identidad propia -luego llegaba yo e intentaba hilar las tres cosas con algo escrito y con una película-. Evidentemente las posibilidades estaban ahí, en los recursos de blogger, pero la imaginación, la creatividad y el uso particular de las herramientas disponibles, es lo que nos diferencian a unos y a otros, a unos blogs de otros. Nosotros somos eso, el cambio diario de portada, de poema, la elección de la música y las cosas hechas con muchísimo amor del bueno, del generoso. Quizá haya llegado la hora de volver a leer a otros en el blog, eso sí, en la línea marcada; un cuento, algún relato, una experiencia, una reflexión, un ensayo, poemas... cualquier cosa nueva, bonita y trabajada que queráis compartir y que no sea la típica gracieta que circula por internet. Estáis invitados a colaborar con algo que sea más que un sólo vídeo o la clásica felicitación de cumpleaños. Invi se resiste a no felicitar a los colaboradores del blog y hace bien, felicitar y decir te quiero es algo maravilloso, pero eso ya le ha causado algún quebradero de cabeza cuando cualquiera de los que poblamos el chat contenido dentro de este blog, le pedimos que cuelgue una felicitación de cumpleaños y no es colaborador. Que ella misma decida lo que quiere hacer; mientras el blog no vuelva a ser un rosario de felicitaciones sin sentido, sobre todo porque muchas veces ni el propio homenajeado se enteraba, por mí, adelante. Y nada más, que feliz fin de semana, que no os creáis de la misa ni la media de lo que dicen las noticias y que disfrutéis de la vida, que es corta, injusta y maravillosa.


P.D.: Hace ya un par de semanas que están abiertos los comentarios en modo anónimo -alguno ya ha hecho mal uso de ello- para facilitar la comunicación entre todos nosotros, aunque es facilísimo registrarse y no supone ninguna carga ni riesgo añadido. Aviso de que no vamos a tolerar insultos, injurias, mentiras ni estupideces en comentarios.

El gran dictador (The great dictador, 1940). De Charles Chaplin. Charles Chaplin, Paulette Goddard, Jack Oakie.

lunes 17 de octubre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS !!!! MARPART


Y que te voy a decir...que tu no sepas...son muchos años ya... Muchos besitos Amigo Mío.

viernes 14 de octubre de 2011

LOS PUENTES DE MADISON

Mi corazón se siente satisfecho
de haberte amado y nunca poseído;
así tu amor se salva del olvido
igual que mi ternura del despecho.

Jamás te vi desnuda sobre el lecho,
ni oí tu voz muriéndose en mi oído;
así ese bien fugaz no ha convertido
un ancho amor en un placer estrecho.

Cuanto el deleite suma a lo vivido
acrecentado se lo resta el pecho,
pues la ilusión se va por el sentido.

Y en ese hacer y deshacer lo hecho,
sólo un amor se salva del olvido,
y es el amor que queda insatisfecho.

José A. Buesa
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Este largo otoño de verano amenaza con dejar un reguero de sangre que mana de cadáveres vivientes abrasados al sol de sus heridas. Si no llega pronto el frío, la lluvia y la niebla difusa que todo lo borra -que nos cala hasta el alma pero nos ayuda a sobrevivir ocultos, abrigados y de alguna manera, protegidos de nosotros mismos-, no se marcharán nuestros reales fantasmas imaginarios; esos que rondan noche y día, dispuestos a partir un alma en dos a la menor ocasión, al menor titubeo, en cada vacilación y con cada pequeña lágrima. Esos que hacen que lo veamos todo triste y oscuro y que hacen más daño porque aparecen bajo un sol radiante, un cielo azul y el calor de un estío que tendría que haberse marchado ya. Los fantasmas propios son tolerables y hasta bienvenidos en la jungla de la lluvia y el frío. Si nieva además, subimos a la gloria del autocompadecimiento protector que evita enfrentarse a una vida que necesita de más coraje del que estamos dispuestos a dar. Nos acostumbramos a que vengan a vernos con abrigo igual que una vieja compañía que, aunque molesta, es silenciosa; de la que sabemos que nos libraremos en cuanto estalle la vida en la próxima primavera. Es urgente que se tapen la cara con bufanda y así no reconocer nuestro propio rostro en ellos, fantasmagóricos, tristes, anhelantes, desprotegidos y dispuestos a infligirnos el peor de los daños -ese que sólo uno mismo puede hacerse-. Necesitamos hibernar como los osos, retirarnos a la cueva oscura y encadenarnos de nuevo para lamer nuestras heridas y restañar nuestro corazón maltrecho por el larguísimo verano. Necesitamos la lluvia porque estamos con el alma seca, las manos agrietadas y el corazón exangüe, cansado de latir. Volver a ser leones en invierno que custodian pequeños tesoros encerrados en doradas urnas de cristal donde la primavera y el verano no duelen jamás; volver a contemplar ese amor insatisfecho -toda una vida- ese amor, el único que por no satisfecho -el que te hace ser un ángel especial-, nunca podremos olvidar.

Los puentes de Madison (The bridges of Madison Country, 1995). De Clint Eastwood. Meryl Streep, Clint Eastwood.

lunes 10 de octubre de 2011

EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS

Entre tantas bellezas que se ven por doquier,
ay, amigos, comprendo que vacile el deseo;
pero vemos en Lola de Valencia brillar,
un encanto imprevisto, rosa y negro, de alhaja.

C. Baudelaire.



De todo el rosario de profesores que atravesaron con mayor o menor fortuna mi vida en el colegio, ni uno sólo fue guapo ni guapa y sí todo lo contrario. El seta es al que primero recuerdo, y no por que dejara en mí su impronta de maestro y mentor, no, por eso no. El seta impartía inglés a los mayores en un colegio francés, empezó justo el mismo año en que nuestro cole acogió a todos los alumnos de otro cercano que cerraba, en cuyas aulas jamás se pronunció un oui de la lengua de Baudelaire. El seta era tal cual su mote, bajito, calvo y rechonchito y estaba casado con Marisa, la de lengua. Bien pensado, no debía de ser mala persona pero todos le teníamos muchísima manía; poseía una habilidad pasmosa para humillar a sus pupilos adolescentes. Eso y las manos pequeñitas y gorditas que no podía uno mirar sin partirse de risa. Los "nativos" de mi cole que nos pasamos al inglés -au revoir la France- tuvimos que adaptarnos al nivel que traían los invasores de tal manera que uno empezaba suspendiendo porque no tenía el nivel de las hordas bárbaras, una putada, aunque al cruzarse con la Marthine por los pasillos del cole, casi que se te pasaba la tontería. Marthine era una francesita de Marsella más dura que el pedernal. El Juanjo, el profe de mates que tenía a su clientela completamente dividida en dos bandos, los que le adorábamos y los que no, se mofaba constantemente de mí llamándome por mi apellido, ya que me precedía la gracia y la fama de mi hermano mayor, el exmelenas rubias. Señorita, usted dedíquese a otra cosa, bibliotecaria es lo que tiene que ser, me lo repetía una y otra vez entre risitas burlonas. El Juanjo fumaba U-Hu, y en las clases -cómo han cambiado los tiempos-. Nunca le olvidaré, pese a su tosquedad, porque me ayudó como ninguno a entender las matemáticas. La Marisa, la de lengua, era un pedazo de pan pero sin sal, es decir muy tonta la pobre aunque buena. En sus exámenes nos poníamos las botas a copiar sin pudor ninguno; casada con el Seta no tenían hijos y ella de vez en cuando soltaba un suspiro en mitad de la clase exclamando un me pesa la tripa que nos hacía sonrojar de vergüenza ajena; los dos gnomitos se marchaban todos los días en un 127 verde tan pequeñito como ellos. La Piedad nos daba latín y tuvo la sensacional idea de recomendarnos como lectura El Satiricón de Petronio, se armó una tan gorda como era ella, la pobre Piedad, que tenía un poco paralizado el lado izquierdo de la cara de tal manera que se le torcía la boca en un gesto perpetuo tragicómico y repugnante, pues siempre tenía en la comisura una babilla. En clase de Manina, la de Historia, se escuchaba hasta el vuelo de las moscas del miedo que le teníamos, fue una gran profesora; su única pega, los camachos que invariablemente invadían sus blusas y camisetas tanto en invierno como en verano. A Juan Bautista, uno de francés de la EGB le sacamos una cancioncilla Juan Bautista, Juan Bautista, ojalá que te pierda de vista♪♫, con la música de la serie de Tv de Sandokan; cuidaba los recreos del medio día y era un plastón de mucho cuidado. Igual que Agustín, el de Dibujo, nos llamaba los del parkinson por la forma de menear el cigarrito tras de la espalda para no tener que apagarlo cuando se acercaba. Las chicas de mi clase, la única de sólo chicas de todo el colegio, teníamos dos discotecas en los baños, Lucecita y Bombillita en donde nos encerrábamos con más guasa e imaginación que otra cosa, a echar unos pitillitos. Éramos unas fieras temibles y legendarias en el cole porque no había música masculina que nos apaciguase. Siendo ya mayorcitas, nos dio por saltar a la comba a lo salvaje y acabaron por prohibírnoslo porque enseñábamos las bragas. Eso y el churro -churro, mediamanga y mangoentera- donde unos y otras nos espachurrábamos alegremente en montones de unas y otros, escandaloso. Hubo muchísimos más, el Carmelo -su mujer trabajaba en telefónica y decía de ella que tenía la voz más bonita de toda España-, el Ramón, el cura. Adrián, el de Física y Química que sólo era soportable en la primera parte de su doble asignatura. Muchos otros que hoy no recuerdo.



El Club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989). De Peter Weir. Ethan Hawke, Robert Sean Leonard, Robin Williams.


lunes 3 de octubre de 2011

SI NO AMANECIERA

Tu estabas dormida
como el agua que duerme en la alberca ...
y yo llegué a ti
como llega
hasta el agua que duerme
la piedra.
Turbé tu remanso y en ondas de amor te quebraste
como en ondas el agua que duerme se quiebra
cuando
llega
a turbar su remanso dormida
la piedra.

Piedra fui para ti, piedra soy
y piedra quiero ser, pero piedra
blanda de sal
que al llegar a ti se disuelva
y en tu cuerpo se quede
y sea
como una levadura de tu carne
y como el hierro de la sangre en tus venas.
Y en tu alma deje una sed infinita
de amarlo todo ... y una sed de belleza
insaciable...
eterna...

L. Felipe.


Presa de la melancolía he vivido muchas veces, la mayor parte de mi vida consciente e inconsciente. Vivir soñando dejándome llevar por una tristeza profunda e inmensa que no es sino la única manera de volver a umbilicarme con lo misterioso y lo intangible de la misma esencia de vivir, de la vida cuya verdadera comprensión para mí es nebulosa si la pienso y diáfana si sólo la siento sin pensarla, tan clara como triste y nostálgica. Aunque viva mi vida con alegría dulce y consciente de lo frágil y fugaz que es. Sin amarguras, con la pulsión en la sien del latido pesado, viejo y cadente del día que se hace noche y de la noche tranquila que se quiebra y muere en un frío amanecer, porque todos los amaneceres son fríos y cortantes, son ladrones de sueños que vierten luz sobre noches cálidas y lánguidas de paz, confidencias, amores y sueños. Son mucho más hermosas -más luminosas- las sonrisas que surgen de las propias sombras que aquéllas leves, automáticas e inconscientes que brotan sin esfuerzo alguno, ignorantes de luces y sombras que no rompen hechizos, ni tristezas, ni melancolía; que no conectan con el ciclo vital del día y de la noche que es morir y nacer cruel y constantemente. Como la pequeña piedra capaz de alterar un plácido estanque llenándolo de ondas extrañamente perfectas y armoniosas -la naturaleza es tan cruel que admite del mismo modo lo más bello y perfecto y lo más bello y deforme-, posándose en su fondo formando parte de él para siempre jamás. Sueño siempre con el único momento hermoso, raro, pequeño y escaso -sin apenas moverme para no perder el latido-. Vivo siempre con muchos momentos grandes y pequeños, tan tristes que a veces se vuelven alegres por la simple aceptación de su tristeza y porque me tomo el titánico trabajo de vivir; aunque algunas noches me gustaría que nunca amaneciera para seguir soñando y no tener que morir, al alba, para obligarme a vivir de nuevo.



Si no amaneciera (Hold back the down, 1941). De Mitchell Leisen. Olivia de Havilland, Charles Boyer, Paulette Godard.

viernes 30 de septiembre de 2011

EL ESPÍRITU DE LA COLMENA

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
en tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan, revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.

V. Aleixandre




Terminadas las clases el colegio entero se ponía en marcha para volver a casa, como si del movimiento de una gran colmena de zanganitos se tratara, escaleras y puertas vomitaban niños contentos vestidos de azul, que más o menos en orden se dirigían por "la cuesta" hacia los autocares que nos llevarían a casa. En los primeros tiempos eran muy pocos los que vivían cerca, todos o casi todos éramos de Madrid -donde estaba y sigue estando la casita madre que dio lugar al enorme colegio de Aravaca-; nos repartíamos en los grandes autobuses que esperaban en el parking del colegio. Había un único minibús pequeñito que era el que llevaba a los que vivían cerca, en Aravaca y Pozuelo -aquéllos nos parecían parias de la tierra-. Por la lejanía y la inexistente infraestructura de aquéllos entonces, apenas ningún padre esperaba a la puerta del colegio, que era una puerta al campo. Nosotros, mis hermanos y yo, éramos de la ruta uno y luego creo que fuimos de la ruta tres. En cada autocar colocaban a una moza de la patrulla verde -la patrulla verde la formaban todas las chicas del comedor, de la limpieza, uniformadas con una bata de cuadros verdes- y a nosotros nos tocó la peor de todas ellas, tenían una mala leche que me río yo ahora pero entonces, nos daban más miedo que carracuca. Prohibido levantarse, prohibido abrir la ventanilla superior, prohibido todo menos merendar. Los menos ansiosos y más afortunados, conservaban un bocata de merienda; algunos tardaban todo el largo viaje -a mí me parecía larguísimo- en terminar de comérselo y ¡ay de ti si les pedías un poco! pasabas de liberto a esclavo en un pis pas. Un bocadillo era poder absoluto en el reino infantil de la media tarde en un bus camino de casa. Todos los autobuses arrancaban a la vez, era la señal para que los rezagados corrieran a toda prisa hacia los suyos; la patrullera nos recontaba y daba la señal de marcha. Una tras otra las rutas salían al pequeño camino que nos desembocaba a la carretera de Castilla, en dónde tráfico colocaba a un policía a esas horas -no había rotonda ni nada parecido-, pues no sólo ese camino vomitaba dos grandes colegios enteritos, además a uno de ellos acudían los futuros infantes de España y era habitual ver el coche oficial -mamá Sofi dentro- y los escoltas por allí. Tomábamos la carretera de Castilla y su paisaje habitual de las lindes de la Casa de Campo -pasados unos años atisbábamos a las prostitutas en los caminos-; nuestra ruta entraba en Madrid por el río, subía por el paseo de Onésimo Redondo hasta el subterráneo de la Plaza de España, llegaba hasta el Viaducto, vuelta, Plaza de España, la Gran Vía, la Calle Alcalá, Velázquez, Ortega y Gasset y casa, yo ya no seguía más y bastante que era, los había más desgraciados que nosotros que iban hasta Ventas. En el Madrid de aquéllos tiempos supongo que aún se circulaba medio bien, pero la vuelta a casa se hacía eterna. El simpático conductor -digo yo que lo sería aunque nunca se le oía en absoluto- nos ponía la radio. Debía de ser la cadena Ser tantán, tantantantantan, Enrique Busián, Mayor, primero, un magazine de la tarde que alternaba aburridas charlas con algo de música. Más tarde nos tocó otro conductor que era fan de los Indios Tabajaras, y dale que te pego con los Tabajaras mañana y tarde -las cassettes de los autobuses eran enormes, a mí me maravillaban-. En la ruta se fraguaban grandes amistades y muchos desencuentros. Teníamos fijo el asiento y no nos dejaban cambiarnos. El exmelenas rubias se sentaba siempre con un chico un año mayor que él, P. C., que se bajaba en nuestra misma parada; se pasaban todo el camino de vuelta dándose de mamporros y no se cansaban. Prudentemente, los dos se quitaban las gafotas y se las dejaban en custodia a algún serecillo de por atrás. Cuando llegábamos a nuestro destino se las volvían a poner tan contentos y ¡hasta mañana!. Las niñas éramos más tranquilas, presumiendo todas de cosas inconcebibles y mirando el bocata de la de al lado. A mí me gustaba sentarme en la ventanilla -tan grande y libre de obstáculos para mirar- y observar la calle, a la gente, los cines, las películas que se anunciaban en enormes carteles pintados, los coches y toda la vida que bullía por el centro de Madrid tantán, tantantantantan, Enrique Busián, Mayor, primero, soñando con besos alados en todas las películas de la Gran Vía mientras intentaba imaginar la cara de Enrique Busián.


El Espíritu de la Colmena (1973). De Víctor Erice. Ana Torrent, Fernando Fernán-Gómez, Isabel Tellería, Teresa Gimpera, Laly Soldevilla.